Le "jakearon" la tarjeta en la capital y encontró un corito de "shiperos" por Telegram

En esos canales estaban rulay vendiendo listas de tarjetas de crédito con los primeros números visibles, cuánto supuestamente tú podías gastar y hasta de qué tipo eran, como Visa o Mastercard.

Todo empezó el día que Federico Rivas (nombre ficticio) le dio su tarjeta de crédito a un trabajador en una bomba de gasolina en la avenida Independencia, aquí mismo en Santo Domingo. Aunque él siempre pasaba la tarjeta por el lector, ese día hizo algo diferente. El cobro pasó sin problema, pero algo dentro de él le dijo que algo estaba raro.

Dos días después, le llegó la primera notificación: un intento de compra en una tienda online que él ni conocía. Rivas canceló la tarjeta de una vez, parando las transacciones, pero no los intentos.

En las semanas que siguieron, su correo se llenó de notificaciones de compras que no pasaron en tiendas de Estados Unidos, Brasil y aquí mismo en RD. Los montos eran variados, la mayoría chiquitos: 1 dólar, 6.49 dólares, 395 pesos, 88 dólares, 165 dólares.

Curioso por lo rápido que su info bancaria se había regado, se puso a investigar. Sabía que en Telegram había grupos metidos en vainas ilícitas, y cuando entró encontró varios con nombres como "SHIPEROS-MUNDIALES" y "TARJETAS DE CRÉDITO LIVE FRESH".

En esos canales estaban rulay vendiendo listas de tarjetas de crédito con los primeros números visibles, cuánto supuestamente tú podías gastar y hasta de qué tipo eran, como Visa o Mastercard.

Un post destacaba una tarjeta con doce números visibles y los últimos cuatro en "XXXX", junto al texto: "$5,375,430 disponibles". Al lado, decenas de entradas similares se ofrecían abiertamente.

También estaban vendiendo "BIN" (Bank Identification Numbers), códigos que permiten crear tarjetas virtuales para hacer líos, además de servicios para pagar cuentas o mandar dinero desde tarjetas clonadas, a cambio de pagos en criptomonedas o por aplicaciones.

En medio de esos posts, uno le llamó la atención por lo directo que era: "Si tú tienes tú CC de USA o de el patio y te quieres buscar pal de peso, tírame". Era un mensaje claro pa’ los que tenían tarjetas y querían meterse en líos con ellas mismas.

Al mismo tiempo, él documentó todos los intentos de fraude que sufrió su cuenta. Las imágenes que compartió muestran cargos rechazados en plataformas digitales, algunas con nombres que parecían inventados. Todos los intentos pasaron después de que canceló la tarjeta. Incluso un mes después, seguía recibiendo notificaciones de uso indebido.

Esto dice que su info fue agarrada, repartida y compartida rapidísimo en esas redes. Desde ese punto, cualquiera con acceso a esos datos podía tratar de usarlos, aunque la tarjeta estuviera cancelada.

El término "shiperos" aquí en RD se usa para los que trafican con datos de tarjetas y hacen compras fraudulentas. Esto no son líos aislados, sino parte de un esquema más grande de ciberdelincuencia con conexiones aquí y afuera.

En el país, clonar tarjetas es un delito según la Ley sobre Crímenes y Delitos de Alta Tecnología (Ley 53-07).

La Procuraduría General de la República tiene una unidad especializada en delitos electrónicos, y la Policía Nacional ha hecho operativos antes contra gente metida en estos líos. Pero los grupos en Telegram siguen activos y operan como si nada.

Frente a esto, la Superintendencia de Bancos ha sacado la circular SB: CSB-REG-202300014, que pone reglas para que los bancos y las sociedades de crédito aseguren que los usuarios puedan actualizar, corregir o eliminar info que esté mal.

Aparte, con ProUsuario, la institución promueve prácticas de protección financiera: no compartir info de tarjetas, evitar enlaces raros, usar contraseñas seguras, cuidar la tarjeta cuando pagues y guardar los recibos.

Estas recomendaciones buscan bajar el riesgo de que se filtre y use mal la info personal. Aun así, la existencia de estos grupos en redes digitales muestra que los esfuerzos institucionales deben crecer con estrategias más visibles y organizadas, que involucren tanto a las autoridades como a la gente.

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